miércoles, 14 de julio de 2010

Pensamiento Cero

"Estamos en un tiempo al que le llamamos de pensamiento único, aunque parece que se acerca muy peligrosamente a un pensamiento cero"

Jose Saramago

En La Jornada, México D. F., 10 de octubre de 1998 [Reportaje de Juan Manuel Villalobos]

domingo, 20 de junio de 2010

Muito Obrigado José

“… si antes de cada acción pudiésemos prever todas sus consecuencias, nos pusiésemos a pensar en ellas seriamente, primero en las consecuencias inmediatas, después, las probables, más tarde las posibles, luego las imaginables, no llegaríamos siquiera a movernos de donde el primer pensamiento nos hubiera hecho detenernos. Los buenos y los malos resultados de nuestros dichos y obras se van distribuyendo, se supone que de forma bastante equilibrada y uniforme, por todos los días del futuro, incluyendo aquellos, infinitos, en los que ya no estaremos aquí para poder comprobarlo, para congratularnos o para pedir perdón, hay quien dice que eso es la inmortalidad de la que tanto se habla, Lo será, pero esté hombre está muerto y hay que enterrarlo…”.

Así de seco y real escribía Saramago sobre él transito de la vida. Así es como suena un hombre digno que ya no está con nosotros. Un hombre que nos reveló un mundo moderno deshumanizado. Sus lucidas parábolas, nos muestran siempre un héroe ínfimo y lleno de dignidad, con el que nos quiere demostrar que hay que creer en la humanidad: Como la mujer del médico, la única con la fuerza interior para ver lo que el resto dejo de ver; o Tertuliano Máximo Afonso, profesor de historia que lucha consigo mismo para encontrar su identidad; o Cipriano Algor, alfarero en un mundo que pretende sobrevivir sin alfareros. Ese hombre nos dejó su obra, su propio evangelio, su testimonio de vida, para leerlo siempre, para no olvidar lo que somos.

“… Estaban en la acera del jardín, veían las luces pálidas del río, la sombra amenazadora de los montes. Entonces vamos, dijo Fernando Pessoa, Vamos, dijo Ricardo Reis. Adamastor no se volvió para mirarlos, le parecía que esta vez sería capaz de dar el gran grito. Aquí, donde el mar se acabó y la tierra espera.”

lunes, 25 de mayo de 2009

la flor más grande del mundo

Alguna vez dijo Cortazar que cuando se escribe un cuento se tiene que ganar por knock out y cuando se escribe una novela se debe ganar por puntos. Ultimamente leo muchos cuentos, porque he aprendido a disfrutar de los knock out´s y porque, seamos sinceros, no tengo tiempo para envolverme en una novela (¡que pena!).

Así descubrí que mi novelista favorito escribía cuentos, y así leí El cuento de la isla desconocida de Jose Saramago. La recomiendo fervorosamente, es un cuento que se lee en varios niveles pero, sobre todo, es muy humana. Como hace falta hoy en día.

Ahora resulta que el buen Saramago escribió una vez un cuento para niños y resulta que el cuento paso a cortometraje, y como ya no tengo tiempo de leer libros largos ni ver películas de dos horas, aca esta el corto que no es lo mismo pero es igual. Tiene la calidez que no hay en estos días frios. Con poco tiempo para lo importante.

http://flocos.tv/curta/a-flor-mais-grande-do-mundo/

domingo, 24 de mayo de 2009

Lo que busca un escritor



"Es muy difícil hoy en día tener la apariencia de lo que uno es. Pero es a veces imposible ser lo que uno aparenta. En mi caso, me siento profundamente desconsolado y me gustaría defenderme sin mucho ruido o falsa vergüenza."

Albert Camus (1954)

Un hombre preso ha muerto... y es libre

Cuando era como vos me enseñaron los viejos
y también las maestras bondadosas y miopes
que libertad o muerte era una redundancia
a quien se le ocurriría en un país
donde los presidentes andaban sin capangas.
-
Que la patria o la tumba era otro pleonasmo
ya que la patria funcionaba bien
en las canchas y en los pastoreos.
-
Realmente no sabían un corno
pobrecitos creían que libertad
era tan solo una palabra aguda
que muerte era tan solo grave o llana
y cárceles por suerte una palabra esdrújula.
-
Olvidaban poner el acento en el hombre.
-
La culpa no era exactamente de ellos
sino de otros mas duros y siniestros
y estos si
como nos ensartaron
en la limpia república verbal
como idealizaron
la vidurria de vacas y estancieros
y como nos vendieron un ejército
que tomaba su mate en los cuarteles.
-
Uno no siempre hace lo que quiere
uno no siempre puede
por eso estoy aquí
mirándote y echándote
de menos.
-
Por eso es que no puedo despeinarte el jopo
ni ayudarte con la tabla del nueve
ni acribillarte a pelotazos.
-
Vos ya sabes que tuve que elegir otros juegos
y que los juegue en serio.
-
Y jugué por ejemplo a los ladrones
y los ladrones eran policías.
-
Y jugué por ejemplo a la escondida
y si te descubrían te mataban
y jugué a la mancha
y era de sangre.
-
Botija aunque tengas pocos años
creo que hay que decirte la verdad
para que no la olvides.
-
Por eso no te oculto que me dieron picaña
que casi me revientan los riñones
todas estas llagas hinchazones y heridas
que tus ojos redondos
miran hipnotizados
son durísimos golpes
son botas en la cara
demasiado dolor para que te lo oculte
demasiado suplicio para que se me borre.
-
Pero también es bueno que conozcas
que tu viejo callo
o puteo como un loco
que es una linda forma de callar.
-
Que tu viejo olvido todos los números
(por eso no podría ayudarte en las tablas)
y por lo tanto todos los teléfonos.
-
Y las calles y el color de los ojos
y los cabellos y las cicatrices
y en que esquina
en que bar
que parada
que casa.
-
Y acordarse de vos
de tu carita
lo ayudaba a callar.
-
Una cosa es morirse de dolor
y otra cosa es morirse de vergüenza.
-
Por eso ahora
me podes preguntar
y sobre todo
puedo yo responder.
-
Uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho de no hacerlo que no quiere.
-
Llora nomas botija
son macanas
que los hombres no lloran
aquí lloramos todos.
-
Gritamos berreamos moqueamos chillamos
maldecimos
porque es mejor llorar que traicionar
porque es mejor llorar que traicionarse.
-
Llora
pero no olvides.
-
Hasta siempre Mario

sábado, 28 de febrero de 2009

El alma, Dios y otras energías inmateriales (por Sabato y Pessoa)

“Explicame a mí como es Alejandra” dijo Bruno. Y pensó que eran precisamente aquellos pliegues desdeñosos y cierto tenebroso brillo de sus ojos lo que sobre todo distinguía a Alejandra de Georgina, a quien en realidad había amado.
(…)
Claro que su cara era casi la misma que la de Georgina su mismo pelo negro con reflejos rojizos, sus ojos grisverdosos, su misma boca grande, sus mismos pómulos mongólicos, su misma piel mate y pálida. Pero aquel “casi” era atroz, y tanto más cuanto más sutil e imperceptible, porque de ese modo el engaño era más profundo y doloroso. Ya que no bastan (pensaba) los huesos y la carne para construir un rostro, y es por eso que es infinitamente menos físico que el cuerpo: está clasificado por la mirada, por el rictus de la boca, por las arrugas, por todo ese conjunto de sutiles atributos con que el alma se revela a través de la carne. Razón por la cual, en el instante mismo en que alguien muere, su cuerpo se transforma bruscamente en algo distinto, tan distinto como para que podamos decir “no parece la misma persona”, no obstante antes, un segundo antes de ese misterioso momento en que el alma se retira del cuerpo y en que éste queda tan muerto como queda una casa cuando se retiran para siempre las personas que ahí se amaron y odiaron. Pues no son las paredes, ni el techo, ni el piso lo que individualiza la casa sino los seres que la viven con sus conversaciones, sus risas, con sus amores y odios; seres que impregnan la casa de algo inmaterial pero profundo, de algo tan poco material como es la sonrisa en un rostro, aunque sea mediante objetos físicos como alfombras, libros o colores. Pues los cuadros que vemos sobre las paredes, los colores con que han sido pintadas las puertas y ventanas, el diseño de las alfombras, las flores que encontramos en los cuartos , los discos y libros, aunque objetos materiales (como también pertenecen a la carne los labios y las cejas) , son, sin embargo, manifestaciones del alma; ya que el alma no puede manifestarse a nuestros ojos materiales sino por medio de la materia, y eso es una precariedad del alma pero también una curiosa sutileza.
Ernesto Sabato en “Sobre Heroes y Tumbas”
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Nací en una época en el que la mayoría de los jóvenes habían dejado de creer en Dios, por la misma razón que sus mayores habían creído en El: sin saber porqué. Siendo así, y dado que el espíritu humano tiende a criticar naturalmente porque siente y no porque piensa, la mayoría de esos jóvenes eligió la Humanidad como sucedáneo de Dios. Pertenezco, sin embargo, a esa especie de hombres que están siempre al margen de aquello a lo que pertenecen y no ven sólo la multitud de la que forman parte, sino también los grandes espacios que hay a sus costados. Por eso, ni abandoné a Dios tan ampliamente como ellos, ni acepté nunca la Humanidad. Consideré que Dios, si bien improbable, podría ser y en consecuencia, también ser adorado; pero que la Humanidad, siendo una mera idea biológica cuyo significado se limita a la especie animal humana, no era mas digna de adoración que cualquier otra especie animal. Este culto de la humanidad, con sus ritos de Libertad e Igualdad, me pareció siempre una resurrección de los cultos antiguos, en que los animales eran como dioses, o los dioses tenían cabezas de animales.

De tal manera, no sabiendo creer en Dios, y no pudiendo creer en una suma de animales, me ubiqué, como alguna otra gente marginal, a esa distancia de todo a la que vulgarmente se la llama Decadencia. La Decadencia es la pérdida total de inconsciencia; porque la inconsciencia es el fundamento de la vida. El corazón, si pudiese pensar, se detendría.
Fernando Pessoa en "El libro del desasosiego"

martes, 17 de febrero de 2009

Claridad

Dijo Bernardo Soares:

"Todo el mal del romanticismo consiste en la confusión entre lo que deseamos y lo que necesitamos. Todos nosotros necesitamos de las cosas indispensables para la vida, para su conservación y su prosecución; todos nosotros deseamos una vida más perfecta, una felicidad completa, la realidad de nuestros sueños.

Es humanos querer lo que se necesita, y es humano desear lo que, no resultandonos necesario, nos resulta, no obstante, deseable. Lo enfermo es desear con igual intensidad lo que es preciso y lo que es deseable, y sufrir por no ser perfecto como se sufre por no tener pan. El mal romantico es eso: Querer la luna como si hubiera manera de alcanzarla."